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El Pasado No Define Tu Futuro

Tu pasado no te define porque Dios te compró con la sangre de Cristo y te dio una nueva identidad en Él.

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La Base Bíblica

1 Pedro 1:17-19 — Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

El objetivo de este estudio es ayudarle a reforzar su fe en lo mucho que Dios le valora. Usted es tan valioso que Dios compró su vida con la sangre de Jesús y así le dio una nueva identidad, modelada a la imagen de Jesucristo, la cual usted puede adoptar hoy.

El apóstol Pedro habla de dos conceptos claves: la vana forma de vivir que heredamos de nuestros antepasados, y el rescate que Dios pagó para librarnos de esa vida vacía.

La palabra "vana" viene del griego Mataios, que significa sin propósito, inútil, fugaz e ineficaz. La palabra "rescatados" viene del griego Lutroó, que significa comprar, rescatar o liberar por un precio.

Lo que el apóstol Pedro dice es que la forma de vivir que heredamos de nuestros padres es sin propósito, inútil, fugaz e ineficaz. Para entenderlo, es necesario considerar que esa forma de vivir fue contaminada desde nuestro antepasado, Adán, y tiene mucho que ver con cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo actuamos en consecuencia.

Identidad y Futuro

Lo que somos y vivimos hoy es una consecuencia directa de cómo nos autopercibimos (identidad), cómo pensamos y, en consecuencia, cómo actuamos. Nuestra identidad define nuestro futuro porque influencia nuestros pensamientos, acciones y finalmente nuestros resultados.

Una persona que nació en un ambiente positivo, donde fue reafirmada, valorada y amada, puede haber construido una identidad que le hace pensar que puede alcanzar sus objetivos. Otra, en el extremo opuesto, construye una imagen de derrota con una mentalidad de víctima.

La identidad es una de las áreas del pensamiento del creyente que el enemigo ataca con mayor frecuencia. Él sabe que, si confunde la identidad de los hijos de Dios, no serán efectivos en cumplir el propósito de Dios para ellos en la tierra.

Esto es evidente desde el principio. La serpiente dijo a la mujer: "…sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios…" (Génesis 3:5). La serpiente atacó la identidad de Eva y la hizo pensar que no era igual a Dios, cuando Dios había dicho claramente: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó" (Génesis 1:27).

Cuánto Vale su Vida

El valor que percibimos de nuestra propia vida nace de nuestra identidad. En el mundo, esa identidad se construye con los elementos externos que lo rodean desde que nace: contexto familiar, sociocultural, económico, geográfico y demás. Sobre esos elementos, las personas construyen una autopercepción.

Permítame ilustrar con un ejemplo personal. Mi abuelo materno, Tadeo, era sumamente agradable y tenía una gracia especial en todo lugar. Era de una familia conocida en la provincia de Cartago. Yo, desde niño, pasaba mucho tiempo con él. En Cartago, yo era el nieto de Tadeo — eso definía en buena medida mi identidad. Ser su nieto me daba la confianza de interactuar con otros y saber que tenía el beneficio de la buena voluntad que las personas tenían para mi abuelo.

Todos naturalmente fundamentamos nuestra identidad en elementos de nuestro contexto. El problema es que las cosas naturales — la herencia, el apellido, las habilidades, las profesiones — son pasajeras y, según el apóstol Pedro, es una herencia vana, sin propósito ni trascendencia.

La buena noticia es que la identidad del creyente no está dada por cosas perecederas, sino que la define la preciosa Sangre de Cristo, que no se deprecia, nunca se pierde y nunca perece. ¡Esa sangre es el elemento más valioso que existe! Es la sangre del mismo Dios, que tomó forma de hombre y la derramó como el precio necesario para comprar nuestra libertad y darnos vida eterna en Cristo.

Cristo es su Identidad

Si Dios le considera tan valioso, ¿cómo debería pensar de usted mismo? La respuesta es simple: debería pensar lo mismo que Dios piensa de usted. Y Dios piensa de usted lo mismo que piensa de Jesús.

Jesús, siendo igual a Dios, tomó forma de hombre y pagó con Su sangre el precio para trasladar la vida de todo el que crea en Él del poder de las tinieblas a Su reino (Colosenses 1:13-14). Por eso el apóstol Pablo dice: "Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:11).

A todo el que cree en Jesucristo, Dios lo ve cubierto de Cristo — ya no ve al pecador, sino a un hijo que por la sangre de Cristo es justo, limpio y santo. La única forma de adoptar nuestra identidad es conocer a Jesucristo, quien es nuestro modelo, nuestro maestro, nuestro parámetro.

Juan 8:31-32 — Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Un discípulo dedica su vida a aprender de un maestro hasta que, después de mucho tiempo de seguir de cerca sus pasos, se llega a parecer tanto que es imposible diferenciar a uno del otro en su forma de pensar, de hablar y de actuar.

Cambio de Identidad

¿Qué pasa cuando mis esfuerzos no son suficientes, cuando fracasa el negocio, cuando ya no soy el atleta, el médico, el empresario, el esposo, la madre? Todas estas cosas son pasajeras y, cuando se pierden, provocan crisis de identidad y hacen que algunos creyentes caigan en depresión y desesperación.

Para adoptar nuestra nueva identidad en Cristo, el apóstol Pablo da una receta relativamente simple, pero que requiere una cosa esencial: CONOCER a Jesucristo y lo que significa su sacrificio y su sangre.

Efesios 4:22-24 — En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

El apóstol Pablo usa una imagen muy clara: el creyente se "desviste" del traje del viejo hombre y se "viste" del nuevo. Considere que ese acto le corresponde al creyente — es nuestra responsabilidad hacerlo con el poder que Dios nos da por su gracia.

La receta para salir de la vida vana es ver a Jesús como nuestro maestro, aprender de Él y renovar nuestra forma de pensar modelando nuestra mente a la Suya. Como buenos discípulos, día con día nos vamos pareciendo más a nuestro maestro.

Confesiones de Identidad

Le invito a hacer de estos versículos parte de sus confesiones diarias. Confiéselos en voz alta cada día:

"Estoy muerto al pecado y vivo para Dios, en Cristo"

Gálatas 2:20 — Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Romanos 6:11 — Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

"Soy una nueva criatura y mi pasado no tiene poder sobre mi vida"

2 Corintios 5:17 — De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Efesios 4:24 — Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

"Soy templo del Espíritu Santo — ¡Dios vive en mí!"

1 Corintios 6:19-20 — ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

"Cristo es mi sabiduría, justicia, santidad y redención"

1 Corintios 1:30 — Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.

"Fui lavado, santificado y justificado — NO soy un pecador"

1 Corintios 6:11 — Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

"Soy un hijo de Dios por la fe en Jesucristo — soy heredero de la Promesa"

Gálatas 3:26-29 — Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

"Estoy completo en Cristo"

Colosenses 2:9-10 — Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

"Me visto como escogido de Dios, me visto de amor"

Colosenses 3:12-14 — Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

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